Si SeNaSa colapsó… ¿qué está pasando realmente con el Estado dominicano?
- revista quisqueya
- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Hay cifras que no se leen: se sienten.
Se sienten en la fila del hospital, en la receta que no aparece, en el “vuelva mañana”, en el paciente que se va a su casa con el miedo clavado porque no le autorizaron a tiempo. Se sienten en esa madre que hace malabares con el pasaje y el almuerzo para acompañar a su hijo a una consulta. Y se sienten todavía más cuando, de repente, un papel frío —un estado financiero— pone en números lo que la gente ya sospechaba en carne viva.
Un documento financiero interno del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) correspondiente a 2024, aún pendiente de auditoría externa, revela un golpe que no es técnico: es humano.
📊 SeNaSa pasó de un patrimonio positivo de RD$2,900 millones en 2023 a un patrimonio negativo de RD$14,538 millones en 2024.
➡️ Una caída de más de RD$17,400 millones en apenas un año.
Esto no luce como una “variación normal”.
No suena a “ajuste contable”.
Esto huele a desplome.
Los números duros (y la realidad blanda que esconden)
2023: +RD$2,900 millones
2024: –RD$14,538 millones
Variación: –RD$17,438 millones
Impacto: la ARS que sostiene a millones, sobre todo a los que no tienen “plan B”
Detrás de esos números hay una frase que debería retumbar en cualquier oficina pública:
“Esa institución no maneja cheques: maneja vidas.”
¿Cómo se llega a un hoyo así sin que nadie lo vea venir?
Ahí es donde el país se pone incómodo, porque el colapso coincide con lo que investiga el Ministerio Público: alegaciones de doble contabilidad, facturación inflada, desvío de fondos y uso irregular de recursos que, en teoría, estaban destinados a prevención y salud.
Y entonces no estamos hablando de burocracia. Estamos hablando de algo mucho peor:
cuando se infla una factura, alguien cobra de más;
cuando se desvía un fondo, a alguien le falta;
cuando se maquilla un balance, se adormece al país;
y cuando la salud se convierte en negocio, el paciente termina siendo un número… o una estadística.
La pregunta que nadie quiere escuchar en voz alta
Si una institución como SeNaSa —grande, sensible, “vigilada”, en teoría blindada— pudo llegar a un deterioro de esta magnitud sin que se encendieran alarmas a tiempo…
¿qué está pasando con el resto del Estado?
¿Cuántos balances están maquillados?
¿Cuántas instituciones sobreviven de narrativa y no de realidad?
¿Cuántos servicios públicos operan con números irreales y con promesas que no se pueden pagar?
Más que un caso, un espejo
Este no es un expediente más. Es un espejo.
Un espejo de un modelo donde muchas veces:
se prioriza la imagen sobre la sostenibilidad,
se patean déficits hasta que explotan,
se administra para el titular y no para el ciudadano,
y se juega con lo esencial como si fuera accesorio.
Cuando la institución que administra el derecho a la salud se hunde en rojo, el problema deja de ser “administrativo”. Se vuelve moral, político y social.
Y por eso este caso no puede quedarse solo en un tribunal. Tiene que quedarse en la memoria colectiva como una advertencia.
Porque si así está SeNaSa…
¿cómo estará todo el país?

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