Ni fichas ni deberes: estas actividades en familia hacen que los niños mejoren en matemáticas sin darse cuenta
- Harley Nuñez

- 3 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Cuando pensamos en “matemáticas”, a menudo evocamos libros, fichas, deberes y exámenes. Sin embargo, una corriente creciente de investigación educativa afirma que las matemáticas se aprenden mejor cuando se integran en la vida cotidiana en familia, sin convertir cada tarde en una sesión de tareas formales.
¿Qué nos dicen los expertos?
La investigación define lo que se llama “matemáticas familiares” (o family math) como aquellas actividades e interacciones informales que ocurren en el contexto familiar o comunitario, y que permiten que los niños desarrollen habilidades matemáticas sin que parezca que están “haciendo matemáticas”.Por ejemplo, el artículo “Making Math Meaningful for Young Children” señala que los niños experimentan conceptos como medida, tamaño y resolución de problemas mientras juegan, apilan bloques o vacían y llenan recipientes en la bañera. de manera similar, otro estudio indica que las familias que incorporan actividades de conteo, clasificación, comparación o patrones en su rutina diaria logran que los niños mejoren no sólo en conocimientos matemáticos, sino también en actitud frente al aprendizaje.
¿Por qué funciona?
Contexto real y significativo. Cuando el niño hace matemáticas unido al mundo real (como mezclar ingredientes o calcular el cambio al comprar), el aprendizaje es más profundo porque conecta con su experiencia diaria.
Menos presión, más curiosidad. Al no presentarse como “ejercicio escolar”, la actividad resulta menos intimidante, favoreciendo una actitud de exploración (“¿cuántos hay?”, “¿cuál es más largo?”) en vez de “tengo que resolver”.
Participación activa de la familia. Los padres que acompañan e incentivan esos momentos matemáticos ayudan a que el niño crezca con la idea de “yo también puedo hacer matemáticas”, lo cual combate la ansiedad matemática.
Ejemplos prácticos para implementar en casa
Cocinar juntos: Pedir al niño que mida ingredientes, compare cantidades (“¿qué pesa más?”), divida porciones.
Ir de compras: Darle un pequeño presupuesto o usar compras simbólicas para que calcule cuántos productos puede llevar, el cambio, etc.
Juegos con bloques, puzles o piezas de construcción: Para trabajar formas, volúmenes, tamaños y orientación espacial.
Clasificar objetos en casa: Por ejemplo, ordenar la ropa por tamaño, color, tipo, o contar cuántos pares hay.
Caminar y observar el entorno: Pedir que identifique patrones, formas, números en las placas de los autos, señales, etc. Esto también se conoce como “math walks” o paseos matemáticos.
Consejos para padres y madres
No conviertas todo en “deber”. La idea es que el niño vea en la rutina una oportunidad para aprender, no una carga extra.
Haz preguntas abiertas: “¿Cuántos más necesitamos?”, “¿Cuál es más largo?”, “¿Por qué crees que esto cabe en este otro?”.
Celebra los descubrimientos: El refuerzo positivo ayuda a que el niño se sienta competente.
Mantén el tono lúdico: El juego es un motor de aprendizaje muy potente. Si se vuelve serio, pierde parte de su magia.
Integra en distintos momentos del día: Esperar en el semáforo, preparar la merienda, ordenar la habitación… todos pueden ser “momentos matemáticos”.
Cierre
Las matemáticas no tienen que sentirse como un trabajo extra. Con pequeños ajustes y la participación de la familia, se pueden convertir en un juego cotidiano, en una experiencia compartida que no sólo mejora los números, sino también la confianza y la curiosidad de los niños. Como concluyen los expertos: la clave no es tanto qué ficha hacemos sino qué conversación, qué experimento, qué pregunta sugiere una enseñanza escondida en lo cotidiano.

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