¿Estamos intentando parecer ricos sin serlo? Moda, redes sociales y la ilusión del estatus
- Harley Nuñez

- 6 oct 2025
- 2 Min. de lectura

En los últimos años se observa un fenómeno creciente: personas que, pese a no tener recursos significativos, adoptan estilos de vida —vestimenta, viajes, consumos— que reflejan un estatus alto, a menudo más aparente que real. Esto no es solo estética; es una combinación de presiones sociales, económicas y digitales que impulsa una búsqueda constante de reconocimiento.

¿Qué impulsa esta tendencia?
Redes sociales como escaparate constantePlataformas como Instagram, TikTok o Facebook promueven imágenes ideales de vida: ropa cara, destinos exóticos, automóviles populares. Aunque no todos puedan costearlo, muchos sienten que “deben mostrar” una versión exitosa o acomodada para ser valorados o aceptados. Un reciente reportaje de El País analiza el fenómeno del “lujo silencioso”, donde las personas buscan una estética de lujo, sobria, sin logos estridentes, pero que denote calidad.
Precariedad económica y brechas de desigualdadEn contextos donde muchos tienen dificultades económicas, la presión por aparentar puede surgir como defensa frente al estigma o al rechazo social. Se convierte en una estrategia para encajar, para no quedar por fuera. Esto puede generar tensiones internas y estrés financiero, cuando el deseo de parecer sobrepasa lo que realmente se puede pagar.
Influencia de los influencers y el marketing digitalLas figuras con gran presencia en redes promueven productos, estilos y estilos de vida aspiracionales que muchas veces no representan la realidad de quienes los siguen. Investigaciones muestran que la publicidad, las recomendaciones de los influencers y el contenido visual atractivo son determinantes a la hora de moldear los hábitos de consumo, especialmente en jóvenes. Consumo simbólico y capital socialVestir cierta marca, viajar a destinos específicos, compartir ciertas experiencias —aunque sea en medios digitales— puede ser interpretado como símbolo de estatus, aunque no haya una base económica sólida. La sociología conoce estos fenómenos: “consumo ostentoso” (Veblen), “clase ociosa”, “estatus mediante el signo”.
Consecuencias
Deudas y gasto insostenible: algunas personas destinan recursos que no tienen para mantener una imagen, generando endeudamiento.
Estrés psicológico: la discrepancia entre lo que se muestra y lo que se vive puede traer ansiedad, baja autoestima, sensación de impostura.
Desigualdad simbólica: quienes no pueden costear ese estilo de vida quedan marginados o sienten que su valor social es menor, lo que amplifica la distancia social.
¿Qué se puede hacer?
Fomentar educación financiera que incluya análisis crítico de cómo el marketing, la publicidad y las redes influyen en lo que consideramos “necesario”.
Apoyar movimientos y discursos que validen estilos de vida auténticos, menos basados en la apariencia, más en el bienestar real.
Impulsar políticas de regulación sobre publicidad engañosa, especialmente aquella que crea expectativas poco realistas.

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