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¿Estamos intentando parecer ricos sin serlo? Moda, redes sociales y la ilusión del estatus


En los últimos años se observa un fenómeno creciente: personas que, pese a no tener recursos significativos, adoptan estilos de vida —vestimenta, viajes, consumos— que reflejan un estatus alto, a menudo más aparente que real. Esto no es solo estética; es una combinación de presiones sociales, económicas y digitales que impulsa una búsqueda constante de reconocimiento.





¿Qué impulsa esta tendencia?

  1. Redes sociales como escaparate constantePlataformas como Instagram, TikTok o Facebook promueven imágenes ideales de vida: ropa cara, destinos exóticos, automóviles populares. Aunque no todos puedan costearlo, muchos sienten que “deben mostrar” una versión exitosa o acomodada para ser valorados o aceptados. Un reciente reportaje de El País analiza el fenómeno del “lujo silencioso”, donde las personas buscan una estética de lujo, sobria, sin logos estridentes, pero que denote calidad.

  2. Precariedad económica y brechas de desigualdadEn contextos donde muchos tienen dificultades económicas, la presión por aparentar puede surgir como defensa frente al estigma o al rechazo social. Se convierte en una estrategia para encajar, para no quedar por fuera. Esto puede generar tensiones internas y estrés financiero, cuando el deseo de parecer sobrepasa lo que realmente se puede pagar.

  3. Influencia de los influencers y el marketing digitalLas figuras con gran presencia en redes promueven productos, estilos y estilos de vida aspiracionales que muchas veces no representan la realidad de quienes los siguen. Investigaciones muestran que la publicidad, las recomendaciones de los influencers y el contenido visual atractivo son determinantes a la hora de moldear los hábitos de consumo, especialmente en jóvenes. Consumo simbólico y capital socialVestir cierta marca, viajar a destinos específicos, compartir ciertas experiencias —aunque sea en medios digitales— puede ser interpretado como símbolo de estatus, aunque no haya una base económica sólida. La sociología conoce estos fenómenos: “consumo ostentoso” (Veblen), “clase ociosa”, “estatus mediante el signo”.



Consecuencias

  • Deudas y gasto insostenible: algunas personas destinan recursos que no tienen para mantener una imagen, generando endeudamiento.

  • Estrés psicológico: la discrepancia entre lo que se muestra y lo que se vive puede traer ansiedad, baja autoestima, sensación de impostura.

  • Desigualdad simbólica: quienes no pueden costear ese estilo de vida quedan marginados o sienten que su valor social es menor, lo que amplifica la distancia social.


¿Qué se puede hacer?

  • Fomentar educación financiera que incluya análisis crítico de cómo el marketing, la publicidad y las redes influyen en lo que consideramos “necesario”.

  • Apoyar movimientos y discursos que validen estilos de vida auténticos, menos basados en la apariencia, más en el bienestar real.

  • Impulsar políticas de regulación sobre publicidad engañosa, especialmente aquella que crea expectativas poco realistas.


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