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Por una gestión pública eficiente: inversión y resultados que mejoran la salud, la educación y el bienestar social



La eficiencia en la gestión pública —medida como mejor uso de recursos, reducción de trámites burocráticos y orientación a resultados— tiene un impacto directo en la calidad de los servicios de salud y educación, y, en consecuencia, en el bienestar social. Estudios y experiencias recientes en la región muestran que gobiernos que adoptan modelos de “gestión para resultados” mejoran la cobertura y efectividad de programas sociales sin necesariamente aumentar el gasto público.


Cuerpo:La eficiencia administrativa no es sólo una fórmula contable: se traduce en más citas médicas oportunas, aulas mejor equipadas, menores tiempos de espera en trámites y uso más transparente del presupuesto público. Un informe regional de la OCDE sobre gobernanza y servicios públicos subraya que indicadores de gobernanza y la calidad de la gestión están fuertemente asociados con mejores resultados sociales. La digitalización, ventanillas únicas y evaluación del desempeño institucional son prácticas que reducen costos y mejoran servicios.


En la práctica nacional, organismos técnicos y universidades han promovido el enfoque “gestión pública para resultados”, que prioriza la orientación por metas, monitoreo de desempeño y uso de datos para tomar decisiones. Instituciones públicas dominicanas han publicado guías y programas que fomentan la innovación ciudadana, la evaluación del desempeño institucional y la producción de estadísticas de gobernanza para medir avances. Estos instrumentos facilitan dirigir recursos hacia programas con mayor impacto social.

El gobierno también ha difundido resultados en sectores como salud y educación ligados a mejoras en gestión y mayor coordinación interinstitucional. Autoridades públicas afirman avances en cobertura y calidad, y documentan procesos de evaluación del desempeño que respaldan decisiones presupuestarias y reformas administrativas. Analistas no obstante plantean que la eficiencia debe ir acompañada de transparencia y control ciudadano para consolidar la confianza institucional.


Impactos concretos:

  • Salud: un sistema administrativo más eficiente reduce tiempos de espera, mejora la logística de insumos y optimiza turnos, lo que eleva el acceso y la continuidad de tratamientos.

  • Educación: la correcta asignación de recursos y procesos administrativos ágiles mejoran la disponibilidad de maestros, materiales y mantenimiento de infraestructuras escolares.

  • Bienestar social: programas focalizados y evaluados con indicadores claros alcanzan a poblaciones vulnerables con mayor precisión (subsidios, asistencia sanitaria, políticas de empleo).


Desafíos y recomendaciones:

  • Continuar invirtiendo en datos oficiales y medición (estadísticas de gobernanza, evaluaciones de desempeño.

  • Implementar ventanillas únicas y digitalización para reducir burocracia y costes administrativos.

  • Fortalecer mecanismos de rendición de cuentas y participación ciudadana para que la eficiencia no signifique opacidad.

  • Alinear el Marco Fiscal con metas de eficiencia para garantizar sostenibilidad financiera de mejoras sectoriales.


Cierre:La transición hacia una administración pública más eficiente es gradual, pero la evidencia regional indica que cuando la gestión se orienta a resultados medibles y se combina con transparencia, los beneficios en salud, educación y bienestar social son palpables. Gobiernos, sociedad civil y organismos internacionales coinciden: la eficiencia es condición necesaria —aunque no suficiente por sí sola— para el desarrollo inclusivo.

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