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Muchas IA de vídeo están aprendiendo a imitar el mundo. Y todo apunta a un “saqueo” sin precedentes de YouTube


 La explosión de tecnologías de vídeo generadas mediante inteligencia artificial (IA) está abriendo una nueva era para la creación y el consumo de contenido; sin embargo, también está generando una alarma roja entre creadores, plataformas y reguladores sobre lo que algunos ya llaman un “saqueo” del archivo mundial de vídeo, con YouTube como epicentro.


¿Qué está ocurriendo?

  • Recientes investigaciones sugieren que grandes volúmenes de vídeos públicos de YouTube fueron “raspados” o extraídos sin autorización explícita para entrenar modelos de IA generativa. Por ejemplo, un análisis reveló que una startup habría usado más de 100 000 vídeos de YouTube para entrenar su modelo.

  • En paralelo, el CEO de YouTube, Neal Mohan, reconoció que muchos creadores están preocupados porque la IA puede imitar sus voces, rostros o estilos de producción, lo que afecta su economía creativa.

  • YouTube prepara además cambios en sus políticas para limitar la monetización de contenidos masivos generados por IA considerados “inauténticos”.


¿Por qué “saqueo”?

El término hace alusión a que:

  • Las IA “aprenden” del mundo observable —movimientos, objetos, discursos— y necesitan enormes bases de datos para modelar escenarios realistas. Muchos de esos datos provienen de vídeos públicos, incluidos los de YouTube.

  • Esto implica que el contenido que los creadores subieron con esfuerzo puede estar siendo reutilizado indirectamente para generar versiones “automatizadas” sin que ellos lo sepan o reciban remuneración.

  • Y con la capacidad de la IA de producir vídeos en masa, existe el riesgo de que el volumen de contenido “low cost” subido a la plataforma inunde el ecosistema, desplazando visibilidad, monetización y valor creativo del contenido humano original.


Impactos para los distintos actores

Para los creadores de YouTube:

  • Miedo ante la pérdida de control sobre su imagen o estilo: si una IA puede replicar su voz o formato, ¿qué valor diferencial queda?

  • Riesgo de menores ingresos si los algoritmos priorizan contenido generado automáticamente o si los clientes de publicidad consideran que está “automatizado”.

  • Necesidad urgente de adaptarse: marcar la autenticidad, construir marcas personales, fomentar la comunidad.

Para YouTube como plataforma:

  • Debe equilibrar innovación (permitir herramientas de IA) con protección de creadores y confianza de la audiencia.

  • Tiene que actualizar sus políticas de monetización, moderación y detección de IA generada para evitar abusos. Ya anunció que lo hará.

  • Enfrenta retos legales y reputacionales: extracciones masivas de datos, intensificación de deepfakes, saturación de contenido.

Para los usuarios / la sociedad:

  • Aumento de contenido “fabricado”: vídeos que parecen reales, pero son generados o manipulados por IA. Esto puede erosionar la confianza en lo que se ve en línea.

  • Mayor dificultad para discernir lo que es genuino: la autenticidad se convierte en un valor más escaso.

  • Posible impacto en la cultura de producción de vídeo: quizá mayor cantidad, menor calidad o menor originalidad.



¿Qué se está haciendo?

  • YouTube ha desarrollado herramientas para que los creadores detecten imitaciones de su rostro o voz generadas por IA, comenzando con un piloto entre los socios de su Programa de Socios.

  • Las plataformas están revisando sus normas de monetización para limitar el pago a contenido considerado “low effort” o producido en masa por IA.

  • La comunidad tecnológica estudia métodos de detección de deepfakes generados por IA y las debilidades de estos sistemas.


Reflexión final

La capacidad de las IA para “imitar el mundo” —ya sea estilos de vídeo, voces, imágenes— es indiscutible y avanza a gran velocidad. Pero con ello viene una tensión: entre la democratización de la creación y la protección del valor humano, creativo y personal. En YouTube y más allá, el reto es doble: asegurar que los creadores no se conviertan en materia prima de grandes modelos automatizados, y que los usuarios puedan seguir confiando en la autenticidad de lo que ven.

Si no se gestiona bien, el fenómeno podría traducirse en una “extracción” sin precedentes del archivo mundial de vídeo, con implicaciones económicas, culturales y éticas profundas.


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