Ser vespertino, el coste de vivir a destiempo: “Existen diferencias individuales y no es por vagancia”
- Harley Nuñez

- 30 oct 2025
- 3 Min. de lectura

La sociedad moderna está diseñada en gran medida para personas matutinas: horarios de trabajo, inicio de las clases y buena parte de la vida pública se rigen por una mañana temprana que para muchas personas vespertinas (los conocidos “búhos”) resulta biológicamente incompatible. Vivir “a destiempo” —tener un cronotipo tardío— no es sinónimo de pereza, sino una combinación de factores biológicos, ambientales y sociales que puede acarrear coste en salud, rendimiento y bienestar.
¿Qué significa ser vespertino?
El término “cronotipo” describe la preferencia biológica de una persona por horarios de sueño-vigilia: hay matutinos (alondras), intermedios y vespertinos (búhos). El cronotipo tiene una base genética y fisiológica, aunque evoluciona con la edad y puede estar modulada por el entorno, la exposición a luz y los hábitos. No es solo una elección.
El fenómeno del “social jetlag” y sus consecuencias
Cuando el reloj social (trabajo, escuela) obliga a una persona a levantarse mucho antes de su hora biológica preferida se produce lo que los investigadores llaman social jetlag: una desincronización entre el reloj interno y el horario impuesto por la sociedad. El resultado puede ser cansancio crónico, menor rendimiento cognitivo, mayor probabilidad de burnout académico o laboral y, a largo plazo, asociaciones con riesgos cardiometabólicos y mala salud mental. Estudios recientes y revisiones científicas documentan la relación entre cronotipo vespertino, mayor social jetlag y peores indicadores de salud y rendimiento.
No es “vagancia”: qué dicen las expertas
Investigadoras y especialistas consultadas por medios (y citadas en un amplio reportaje reciente) insisten en que las diferencias de cronotipo son reales y están respaldadas por la biología. Obligar a trabajadores y estudiantes vespertinos a adaptarse a horarios muy matutinos penaliza su sueño y productividad. Por ello, proponen medidas de flexibilidad horaria y adaptaciones que no estigmaticen a quienes rinden mejor por la tarde o noche.
Quiénes son más vulnerables
Adolescentes y jóvenes: la adolescencia tiende a desplazar el cronotipo hacia la noche; por eso retrasar el inicio escolar mejora sueño y rendimiento académico en numerosos estudios.
Trabajadores con horarios fijos temprano: sufren mayor pérdida de sueño si su cronotipo es tardío.
Personas con turnos rotativos o nocturnos: la alternancia de horarios aumenta la desincronización circadiana.
Impactos concretos (resumen)
Rendimiento cognitivo y productividad: los vespertinos suelen tardar más en despertarse y alcanzar su pico cognitivo hasta entrada la tarde; esto choca con tareas matutinas.
Salud física: asociaciones observadas entre cronotipo tardío, mayor riesgo de problemas cardiometabólicos y alteraciones del sueño cuando el desajuste es mantenido.
Salud mental: correlaciones entre cronotipo vespertino y mayor prevalencia de síntomas depresivos y ansiedad en varios estudios; la relación es compleja y mediada por factores como el sueño insuficiente y el aislamiento social.
¿Qué pueden hacer individuos y empleadores?
Para las personas vespertinas
Priorizar la higiene del sueño: horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir, optimizar el dormitorio (oscuridad, temperatura).
Exposición a luz natural por la mañana cuando sea posible: ayuda a adelantar el ritmo circadiano gradualmente.
Considerar pequeños ajustes en horarios personales (acostarse/levantarse 15–30 minutos antes cada semana) si es necesario reducir desajustes puntuales.
Buscar apoyo profesional si hay insomnio crónico o síntomas de depresión/ansiedad.
Para empleadores y escuelas
Implementar flexibilidad horaria y opciones de teletrabajo cuando sea posible. Estudios y expertos recomiendan evaluar modelos que permitan acomodar cronotipos diversos para mejorar productividad y reducción de ausentismo.
Considerar inicios escolares más tardíos para adolescentes, medida que varios estudios (y políticas pilotadas en distintos países) han demostrado beneficios en sueño y rendimiento.
Qué pide la evidencia y por qué importa
La literatura científica y los reportajes de divulgación convergen en que reducir el desajuste entre horarios sociales y ritmos biológicos tiene efectos positivos sobre la salud pública, el rendimiento y la calidad de vida. Estrategias de política laboral y educativa que incluyan flexibilidad temporal podrían aliviar el coste de “vivir a destiempo” para una parte significativa de la población.

.png)



Comentarios