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Estrés crónico y cortisol: un cóctel peligroso para el cerebro y la salud mental




15 de agosto de 2025 — El estrés cumple una función adaptativa en situaciones puntuales, pero cuando se convierte en crónico puede causar alteraciones cerebrales profundas. Investigaciones recientes destacan cómo el exceso de cortisol, la hormona del estrés, reduce la capacidad de adaptación del cerebro y acelera procesos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer.


Un estudio publicado en Neurology encontró que personas de mediana edad con niveles elevados de cortisol presentan volúmenes cerebrales menores y rendimiento cognitivo reducido, incluso sin signos de demencia. Por su parte, una revisión en Front Aging Neurosci concluyó que altos niveles de cortisol se asocian con deterioro cognitivo general, pérdida de memoria episódica, menor velocidad de procesamiento y alteraciones en múltiples dominios cognitivos.


El cortisol excesivo también promueve la degeneración del hipocampo —clave para la memoria— y aumenta la producción de placas amiloides y proteína tau, marcadores característicos del Alzheimer. Niveles elevados incluso predicen un riesgo 1.3–1.4 veces mayor de desarrollar la enfermedad años antes del diagnóstico clínico.



Estructuralmente, el estrés crónico cambia la composición del cerebro, generando más mielina pero menos neuronas, afectando la comunicación neuronal y reduciendo la neuroplasticidad. Además, activa procesos inflamatorios en regiones clave como la amígdala y la corteza prefrontal, vinculados con ansiedad, depresión y mayor vulnerabilidad cognitiva.


¿Qué se puede hacer? La gestión efectiva del estrés—mediante ejercicio físico regular, descanso adecuado, técnicas de relajación como meditación o respiración profunda, y redes de apoyo social—es esencial para proteger la salud cerebral y evitar daños irreversibles.

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