El decretazo de Guzmán: cómo un bluff y un decreto sellaron la democracia dominicana
- Nicholle Grullon

- 15 jul 2025
- 2 Min. de lectura

Santo Domingo, 15 de julio de 2025 – En agosto de 1978, Silvestre Antonio Guzmán Fernández logró lo impensable: asumir la presidencia de la República Dominicana tras una elección amenazada por un intento de golpe militar impulsado por el balaguerismo. Pero su consolidación en el poder no se consumó hasta un histórico acto de valentía: el Decreto Número Uno, que destituyó de inmediato a la cúpula castrense que se oponía a la voluntad popular .
La tensión se respiraba cuando Guzmán aceptó, solo él, la invitación del alto mando militar. En una sala dominada por oficiales —acusados de presionar para mantener sus cargos— Guzmán respondió: “Estudiaré caso por caso”. Ante la prensa, desafiante, les exigió: “que me reconozcan como comandante en jefe” y retó: “Que lo desmientan ahora”. Nadie lo desmintió. Dos días después firmó el Decreto Nº 1 —el famoso “decretazo”— expulsando a la élite militar y marcando el inicio de la despolitización de las Fuerzas Armadas .

Este acto no solo evitó un golpe institucional: reorganizó el orden interno del país, favoreció la liberación de presos políticos mediante una amnistía histórica, y abrió las puertas al retorno de exiliados tras años de autoritarismo . Con ello, Guzmán sentó las bases de una democracia funcional por primera vez en décadas, tras el derrocamiento del primer gobierno de Juan Bosch y el prolongado régimen de Balaguer.

Legado imborrable
Despolitización militar: removió oficiales leales a Balaguer, priorizando oficiales profesionales y leales a la Constitución .
Respeto a la institucionalidad: instauró alternancia pacífica de poder, fortaleciendo la confianza ciudadana y la institucionalidad democrática .
Avance democrático: promulgó una amnistía que liberó a centenares y permitió el regreso de exiliados, reforzando las libertades públicas .

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