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El consumo ambiental de la IA: ¿es realmente menor que otras tecnologías diarias?




La inteligencia artificial (IA) genera un creciente consumo eléctrico, de agua y emisiones de carbono. No obstante, algunos estudios recientes, especialmente en el contexto de consultas individuales como a GPT‑4, muestran que el impacto por interacción estrictamente individual puede ser bajo, aunque la escala global sí plantea desafíos significativos.


Por ejemplo, Google reporta que una consulta tipo con su modelo Gemini consume apenas 0,24 Wh de energía —menos que ver nueve segundos de televisión— y 0,26 ml de agua, aproximadamente cinco gotas, con una reducción reciente de eficiencia estimada en 33  veces en energía y 44  veces en dióxido de carbono. Sin embargo, expertos advierten que esas cifras pueden ser engañosas, al excluir el uso indirecto de agua en la generación eléctrica y adoptar metodologías demasiado optimistas .

A nivel agregado, informes estiman que los centros de datos podrían duplicar su consumo eléctrico para 2030 —alcanzando entre el 1 % y 2 % del consumo mundial— con casi 8 % de la electricidad total de EE.UU. comprometida por la IA. En términos de agua, centros especialmente grandes pueden llegar a usar 2 millones de litros diarios para enfriamiento , y solo el entrenamiento de GPT‑3 habría consumido 700,000 litros y generado 552 toneladas de CO₂ .


Investigaciones científicas más completas, como la publicada en arXiv en marzo de 2025, estiman que desarrollar modelos —además de entrenarlos— emitió 493 t de CO₂ y consumió 2.7 millones de litros de agua, cifra equivalente a 24 años del uso anual de una persona estadounidense.

Por otro lado, la IA puede contribuir a reducir el impacto ambiental en otros sectores: un estudio de 18 casos en MDPI reveló que la IA mejoró la eficiencia energética en más del 5 % en medio ambiente, reduciendo emisiones en 15 de los 18 proyectos analizados, hasta en un 20 % en algunos casos .


En resumen, mientras que una consulta individual de IA puede parecer menos contaminante que otras acciones digitales cotidianas, la creciente adopción a gran escala y la infraestructura que la respalda siguen elevando el impacto ecológico general. El reto, entonces, está en equilibrar eficiencia, regulaciones sostenibles, uso de energías renovables y transparencia en las métricas de impacto.

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